Manejo de residuos y el desencanto con la democracia


Desde que empecé a votar, no he faltado a una sola elección. He ido religiosamente a votar por las mañanas desde hace más de un lustro. He visto al PRI desvancerse en Quintana Roo, al exgobernador ir a prisión, a López Obrador llegar a la presidencia y ahora al PAN perder el control del Congreso del Estado. He visto al país y a mi estado cambiar políticamente, al menos en lo exterior, otra cosa podría decir del interior. Las cosas poco han cambiado en sustancia, sólo la forma en que se presentan. No es poco decir que estoy auténticamente decepcionado.

La cultura del reciclaje político

¿Realmente sabemos por quién estamos votando? Si hacemos memoria y un poco de investigación, nos podremos dar cuenta que estos «nuevos» personajes en realidad tienen muy poco de nuevos. Muchos de estos candidatos han sido hasta contendientes a la gubernatura, y por extraño que parezca, a nadie parece pesarle que sigan en el chapulineo político por años, ya sea en el PAN, ya sea en el PRI, ya sea en Morena.

¿José Luis «Chanito» Toledo? ¿Roberto Erales? ¿Roxana Lilí Campos? ¿El mismísimo Gregorio «Greg» Sánchez? ¿Hernán Villatoro? ¿Cristina Torres? ¿Alguno de estos personajes le suenan? Si es así es por que seguramente ha de recordar que muchos de estos estuvieron en el PRI durante los tiempos del partido hegemónico en Quintana Roo, tiempos que terminaron mucho más tarde que en el resto del país. Otros si bien en la oposición, han estado de aquí para allá, de puesto político en puesto político. Todo un coctel de material político reciclado, ninguna cara nueva.

Si nos vamos a elecciones pasadas, también veremos que este fenómeno se replica ahora más que en antaño. Personajes que ya se creían desaparecidos del escenario político, revivieron con la ola guinda que fue Morena en el 2017 y luego en 2018. Ese es el caso de Carlos Joaquín, Luis Torres, José Luis Pech, el ahora fallecido Hernán Pastrana y por supuesto, la familia Berinstain y todos sus personajes políticos. El nacimiento y fortalecimiento de Morena como partido, le permitió a muchos de estos personajes, relegados en su momento por la «nueva» guardia del PRI, traída por Félix González Canto, de ganarse nuevamente un lugar. Sin embargo, en la práctica, ellos no representan nuevos espacios de poder, sino el acaparamiento de estos por los grupos de poder tradicionales.

En resumidas cuentas, ya sea en la nueva o la vieja guardia, el poder sigue girando en torno a los mismo grupos de poder de siempre. No hay cambio en la forma en que se ejerce el poder, ni hay cambio en quienes realmente controlan al Estado y su política. Más que una competencia política, es una especie de disputa familiar muy grande, en dónde algunos deciden que les gusta el guinda, otros el rojo y otros el azul, pero eso no implica que el nexo entre ellos desaparezca. Las mismas élites, los mismos grupos de poder, nada nuevo bajo el sol.

Todo queda en familia

Al reciclaje político se le añade otro fenómeno bastante común no solo en Quintana Roo, sino en la Península de Yucatán en general, las dinastías de poder. Hablamos de familias que llevan décadas inmiscuídas en la política peninsular. Familias como los Patrón, Cervera, Loret de Mola, Zavala, Joaquín, Villanueva, Borge, Berinstain, Hendricks y por supuesto, las familias más pequeñas que controlan ciudades tradicionales como Chetumal: Los Abuxapqui, Song, Aguilar, entre otros. Son pequeños grupos de no más de una docena de personas que mueven los hilos de la política desde hace unas décadas para acá, no necesariamente en un sentido perverso, pero es un hecho su influencia.

Estos grupos compactos y cerrados no son necesariamente obstáculos para el progreso económico, pero sí para el progreso democrático de los Estados. Al acaparar el poder en un pequeño número de personas, me atrevería a decir que se configuran oligarquías de facto. Pues al obstaculizar el desarrollo político de nuevos talentos, terminan incrementando su acumulación de poder y la hipercentralización de este en pequeñas camarillas.

La cultura dinástica del poder deja entrever el pasado hacendado de la península, dónde un pequeño grupo de familias, acumulaban la riqueza y el poder en Yucatán. Dicho modelo se replica, pero en el ámbito político, que sumado a la apatía y desinterés del ciudadano común por la participación democrática, terminan por acrecentar sus efectos. La revolución sólo trajo reacomodos, pero en esencia, la estructura oligárquica del siglo XIX no desapareció, símplemente se transformó.

Manejo de residuos

Es difícil, es sumamente difícil hacer cambiar de opinión a la gente, pues a pesar de todo, una opinión es simplemente eso, su peso real en la vida cotidiana es irrelevante. Podría decir que el fomentar la participación democrática es la solución idónea y sería inclusive hasta la más viable en un escenario tradicional, sin embargo, estamos ante uno atípico. El imaginario colectivo de la cultura peninsular hace que la gente tenga la tendencia al voto en bloque, lo que complica la participación individualizada. Esa forma de pensar es lo que llevó a Morena a llevarse las ciudades más grandes y ricas del estado aún con candidatos pésimos, el famoso Efecto López Obrador. Esa forma de pensar es la que hacía al PRI arrasar en las elecciones estatales. O votamos todo o votamos nada, esa es la forma de pensar del votante común.

¿Cómo hacer cambiar a una población que omite las relaciones históricas y los linajes dinásticos en la política y las abraza como su normalidad? ¿Cómo hacer cambiar a una ciudadanía que considera como adecuado el voto en bloque como mecanismo de castigo popular? El país, su gente, piensan en bloque, tomemos entonces, estrategias que se adapten al pensamiento colectivo, no que lo castiguen. Las alianzas estratégicas, la reducción del encono, la generación del sentido de grupo y la desatomización del escenario político son escenciales para un ambiente político más ameno, menos cerrado y más participativo. Me atrevería a decir que las estructuras sindicales del antiguo régimen servían en mejor manera para la inclusión política de grupo no convencionales que el sistema actual. El sentido de pertenencia a un grupo es esencial para el mexicano, mientras no actuemos en ese sentido y bajo ese contexto, difícilmente podremos cambiar los cuadros reciclados y dinásticos de nuestro escenario político.

Dicen por ahí que hay que hacer lo que nos funcione, no lo que nos digan que es lo adecuado. Eso aplica de manera muy especial a la forma en que se gobierna un país. La gente quiere menor polarización, mayor inclusión política y en la toma de decisiones, la posibilidad de trabajar colectivamente y ser dotados de una identidad de grupo. A veces la individualización de las decisiones no es el rumbo adecuado. Habemos tipos de personas como tipos de sociedades y eso es de suma importancia para el diseño de políticas. Más que el a dónde vamos, debemos pensar en el cómo vamos a llegar ahí; nuestros vehículos políticos, sociales y económicos deben ser ad hoc para nuestra situación e idiosincracia, no ajenos a ellos.

Juan Miguel Peraza

Licenciado en Derecho por la Universidad de Quintana Roo. Es un apasionado de la economía, la legislación, el trabajo, las nuevas tecnologías y la política nacional e internacional. Se especializa en temas relacionados al empleo.

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