Así es como la automatización podría tomar nuestros trabajos


Diversos estudios, como el de McKinsey&Global «A future that works: automation, employment and productivity» (Un futuro que trabaja: automatización, trabajo y productividad) de 2017, o «The Future of Jobs» (El futuro de los trabajos) del Foro Económico Mundial de 2016, sobre la automatización del empleo; apuntan a un futuro casi completamente automatizado. Esto significaría cambios en la forma no sólo en cómo producimos y trabajamos, sino incluso sobre nuestra propia vida y lo que esta significa.

Más de la mitad de los empleos podrían ser automatizados.

Los datos utilizados para ambas investigaciones provienen del mercado laboral estadounidense y existe muy poca información al respecto en centros de investigación latinoamericanos. Las investigaciones apuntan a que México es uno de los países con mayor potencial de automatización en el mundo, al ser más del 50% de sus actividades, automatizables. Si comparamos la información proporcionada por McKinsey respecto al potencial de automatización por cada tipo de actividad y las comparamos con la composición del mercado laboral mexicano, podemos observar lo siguiente.

Como es posible apreciar en la gráfica anterior, la actividad que mayor riesgo corre de ser automatizada es la de los «Servicios de hospedaje y preparación de alimentos y bebidas», misma que es fundamental para la economía de estados como Quintana Roo, en el sureste del país, dónde 75 mil 610 de 310 mil 890 personas ocupadas en el estado, se dedican a esta actividad, el 25% de los empleos, es decir 1 de cada 4 puestos de trabajo. Si tomamos en cuenta que el potencial de automatización para este sector es del 73%, esto podría eliminar en el largo plazo 50 mil de los 75 mil puestos de trabajo.

Otro de los sectores que mayor preocupación podría generar en país es el del comercio al por menor, el cual es una de las principales actividades dentro con el 15.69% de los puestos de trabajo, sólo debajo de la manufactura que comprende el 16.55% de los empleos. Entre el comercio minorista y la manufactura, el potencial de automatización de sus actividades es del 53% y 60% de acuerdo con McKinsey. Aproximadamente el 60% de las actividades en México, tienen un potencial de automatización superior al 50%.

Sin embargo, no todo es pérdida, y cómo las revoluciones industriales del pasado han mostrado, usualmente cuando una forma de trabajo desaparece, otra lo vendrá a sustituir. Los estudios apuntan a que es posible que la automatización genere otro tipo de trabajos producto de la sustitución de actividades. Los principales beneficiados serán aquellos que tengan la capacidad de razonar, crear, entender y comprender tanto a las máquinas como a los humanos de una forma integral. Asimismo, la automatización podría incrementar hasta en 1.4% el crecimiento de la renta per cápita de los países que la adopten de forma temprana. Esto podría ayudar a países como México, a mejorar sus hasta ahora aletargadas tasas de crecimiento.

Cambios profundos y extensos.

Aunque los cambios tienen claroscuros, si hay algo que es certero en ellos es su profundidad, extensión e impacto. De acuerdo con el reporte más reciente de la Oficina Ejecutiva de la Presidencia de los Estados Unidos sobre la automatizción, generado aún durante la administración Obama, indica que los potenciales efectos negativos o positivos de la automatización no sólo se verán en el empleo sino en la sociedad como un todo. El término disrupción viene a volverse una norma en todos los estudios relacionados al tema. Y es que la automatización tiene el potencial de modificar no sólo el cómo se produce y trabajo, sino también como vivimos.

Tanto McKinsey como el reporte de la Oficina Ejecutiva, indican que la automatización podría tanto ayudar a mejorar el crecimiento económico, como a incrementar la desigualdad, empeorar las condiciones de informalidad así como volver obsoletos cientos de miles de empleos alrededor del mundo. Indican que para poder enfrentar los cambios que nos depara el futuro, lo más conveniente será empezar a preparar a nuestros trabajadores, en primer lugar, para convivir con las máquinas y posteriormente, para obtener un nuevo empleo.

Todas las actividades que cuentan con un elevado potencial de automatización cuentan con una característica en particular: gran parte de las actividades que realizan son mecánicas y repetitivas. Esto indica sólo una cosa, las máquinas, por el momento, sólo pueden hacerse de aquellas actividades que son fáciles de realizar, que no requieren la aplicación de habilidades cognitivas, creatividad o el manejo de las emociones. Respecto a esto, tanto McKinsey como la Oficina Ejecutiva y el Foro, apuntan a que se abre un espacio de oportunidad para los desplazados y para aquellos que aún se van a incorporar al mercado laboral. ¿Cómo?

Lo que sucedería es que, al desaparecer gradualmente este tipo de trabajos, los humanos no tendríamos más alternativa que empezar a buscar otra forma de emplearnos. Por lo tanto, las investigaciones apuntan a que es muy probable que los humanos empecemos a realizar actividades que antes considerábamos menos importantes, pero que hasta cierto punto, permiten un desarrollo individual distinto al actual. El trabajo ahora es visto como una serie de procesos repetitivos, mecánicos y no necesariamente saludable o llenadora. Por otro lado, el desarrollo de nuestras capacidades emocionales, cognitivas y creativas, pueden abrir la puerta a una nueva forma de ver el trabajo. Podríamos ahora dedicar nuestro tiempo a fortalecer nuestras relaciones interpersonales y posiblemente a mejorar la forma en que funcionan nuestras sociedades. Como diría McKinsey al final de su investigación, la automatización tiene el potencial de «volvernos más humanos».

Esta investigación fue realizada con información de la Tesis titulada «La normatividad laboral en México y las políticas públicas del empleo ante la creciente modernización de los procesos productivos» de Juan Miguel Peraza Hernández (2018) de la Universidad de Quintana Roo.

Juan Miguel Peraza

Licenciado en Derecho por la Universidad de Quintana Roo. Es un apasionado de la economía, la legislación, el trabajo, las nuevas tecnologías y la política nacional e internacional. Se especializa en temas relacionados al empleo.

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