El problema de la crítica política en México.


Todos conocemos gente tanto de derechas como de izquierda en nuestro círculo cercano. La irracionalidad política abunda en ambos bandos y simplemente no enucentra un punto de coincidencia, no porque no lo haya, sino por el temor a ser asociado con el opuesto.

Se considera incongruente apoyar una porción de las propuestas y no la totalidad de ellas. Como si el hecho de no aceptar algunas propuestas fuera una traición a la patría. Esto es especialmente abundante en el grupo de apoyo a Andrés Manuel, que raya en algunos casos en el fanatismo. Por las derechas sucede algo similar, el no estar en contra férreamente del poco usual próximo Presidente de la República, significa estar a su favor.

El mundo en blanco y negro.

Existe esta idea de que la política en México es blanco y negro. Es una idea sumamente peligrosa e incorrecta. Así como no podemos decir que toda la gente que está en Morena es un pan de dios, tampoco podemos decir que todos los priistas son unos corruptos y asesinos. Es obviar las decenas, sino cientos de tonos de gris que existen en el medio.

A veces olvidamos que partidos como el PRD, Morena y el PRI, cuentan con corrientes internas. Así que técnicamente existen priistas de izquierda, perredistas de centro y morenistas de centro-derecha. A esto se suma el vasto ecosistema político-empresarial que convive con los grandes partidos. Algunos dirán que promueven un sistema oligárquico, yo les digo, tienen todísima la razón, pero así es en todo el mundo y poco podemos hacer para cambiarlo.

La realidad es que, la discusión política elevada al grado de la confrontación ideológica es absolutamente innecesaria. Hay que saber escuchar, entender y contextualizar la razón por la que una persona toma una u otra decisión en torno a la política. No es necesario obviar lo evidente, pues la mayoría de la gente no toma sus decisiones con base en eventos de 1982 o 1968 o 1971, los toma con base en la realidad que vive en la actualidad.

Dicen por ahí una frase muy popular “quien no conce la historia está condenado a repetirla”. Difiero absolutamente. No es siquiera comparable la situación económica, política y social de este siglo con la del siglo pasado. Regresiones democráticas a un estado previo a la liberación de la hegemonía, son prácticamente una fantasía que no va a suceder.

A diferencia de países latinoamericanos como Argentina, Paraguay o Venezuela; México cuenta con un sistema político-económico sumamente arraigado y dependiente de la gran industria mexicana y extranjera. No existe margen de acción para regresiones estatizantes ni democráticas mayores. El capital ha subyugado el ejercicio del Estado y es imposible que esto cambie en el corto plazo.

El alto costo de la estabilidad.

Por otro lado, la realidad es que, si bien en las últimas cuatro décadas muchos indicadores han empeorado (véase corrupción, impunidad y violencia), al menos en el aspecto macroeconómico el país ha construído un enmarañado de defensa ante sobresaltos sin igual en el mundo de habla hispana. Podría decirse, que junto con Chile, México es la economía más estable de latinoamerica. Sin embargo, hay grandes pendientes en materia de crecimiento, pobreza, corrupción y seguridad.

Por más que intenten decir que las cosas se van a poner nivel Venezuela o Suiza, dependiendo el punto de vista, la realidad es que seguramente seguiremos en el mismo rumbo que hemos seguido los últimos cuarenta años. Se aplaude el impulso que se le dará a la inversión pública, el combate a la corrupción, la seguridad y la austeridad. Sin embargo, preocupa la falta de claridad en las políticas que se está viendo en la actualidad. Un país sin políticas claras, y objetivos claros, es un país sin rumbo y un país que seguirá creciendo 2% al año.

Cabe en nosotros, no pedir, forzar al gobierno a clarificar y actuar. No es de mi interés opiniones como “y porque no lo pidieron antes”, porque simplemente rayan en lo confrontacional e innecesario. Si se nos abrió este espacio democrático de oportunidad para exigir en un contexto de supuesto cambio, porque no lo habríamos de aprovechar, ¿No?

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