Las elecciones de 2018 y el futuro de la administración pública


2018 pinta en convertirse en uno de los años más difíciles para el país desde 2006, cuando el resultado de las campañas presidenciales tuvo desastrosos efectos en la paz política y que hasta día de hoy, se pueden resentir. Es, sin duda, un año bastante complicado y con gran peso para el futuro del país. Es en 2018, cuando elegimos presidente, es en 2018, cuando se decide el destino del TLCAN, y es en 2018 cuando sabremos si este país seguirá su camino o volverá a sufrir los estragos, una vez más, de la constante rotación y reestructuración de la administración pública, como si de un nuevo país cada seis años se tratara.

Los peros de la democratización.

Entre todas las corrientes, hay algunos que aseguran que por fin México va a despegar, uno los mira con recelo, desconfianza, no esperando nada, nos lo vienen diciendo desde que tengo memoria. Izquierdas, derechas, centro, arriba, abajo, el inframundo y más allá, todos prometen, nadie cumple, estamos en una época de profunda desconfianza en el sistema político mexicano. Para alguien que lleva viendo y conociendo los procesos electorales desde 2006, cuando empecé a interesarme en estas cosas (quizá, lamentablemente), es chistoso y al mismo tiempo triste ver que hay personas que han olvidado cómo funciona la política en este país. Vivimos en lo que yo llamo, una electocracia. Una electocracia es un sistema político basado en elecciones, es decir, los objetivos de los partidos políticos y candidatos se centran principalmente en ganar elecciones, espacios de poder y de control político. Nadie, léanlo bien, a nadie en este sistema, y lo puedo casi decir con toda seguridad, le importamos, lo importante es ganar (las elecciones, claro está). Y es que esto ha surgido a raíz (espero no me quemen vivo) de la democratización del país. Las fuerzas opositoras al Revolucionario Institucional, han luchado, incansablemente, pero no mejor, por obtener los espacios que alguna vez fuesen del PRI. La democracia trajo ventajas sí, pero también desorden.

La democratización del país, no vino acompañada de la consolidación del sistema burocrático estatal. Se repitieron viejas mañas de sustitución masiva de funcionarios, reacomodos políticos internos de la administración pública con cada cambio de gobierno y por ende, un creciente desorden y falta de seguimiento del cumplimiento las de políticas públicas de mediano y largo plazo. La falta de seguimiento de proyectos de desarrollo y políticas públicas que son tan cambiantes como los presidentes únicamente derivó en un Estado sin visión, sin rumbo y sin destino. El país ahora enfrenta en estas campañas presidenciales a tres candidatos cuyo interés intrínseco no es el pueblo sino el poder. No sabemos si Meade va a continuar con los proyectos peñanietistas, o si Anaya se tragará su orgullo y únicamente corregirá lo que está mal y continuará lo que está bien, o si Andrés Manuel controlará su temparamento y no destrozará toda la estrcutura de la administración pública en su afán de corregirla. No hay ni certeza ni esperanza. Este país sólo va a cambiar, cuando la forma de gobernar se enfoque en eso, en gobernar y no.

Administradores y administración.

Nuestros candidatos no nos ofrecen visión, nos ofrecen, su visión que es muy distinto. López Obrador está pensando en su país ideal a costa de lo que sea y quiere que nos acomplemos a él nos guste o no; Meade, sueña con continuar con el peñanietismo sin corregir, sin mejorar, sin pedir disculpas y Anaya, pues Anaya está pensando en como llegar a la silla nada más. En cierta manera puedo decir que estoy hasta cierto punto, decepcionado por el nivel de propuestas y candidatos que se presentan en este proceso electoral, comparable incluso, con el de 2012. La situación del país nacional e internacionalmente, es complicada, por lo que gane quien gane, en primera tendrá que darle continuidad al tono conciliador en la renegociación del TLCAN, porque, por más que nos moleste, Estados Unidos es un aliado valioso y peligroso al mismo tiempo (no por nada el primer ministro japonés recibió a Trump con los brazos abiertos después de que este amenazara con dejar sólo a Japón). En el interior, la rampante corrupción y la corrosiva inseguridad han dejado al gobierno de Peña Nieto débil y a las instituciones totalmente descreditadas y desprotegidas.

Las instituciones son complejas y es evidente la solución no es destruirlas, ni sustituirlas. El problema, es sistemático hasta el grado de que la complejidad del sistema administrativo, promueve y permite la corrupción, sin embargo, entran otros factores como la decadente ética en el servicio público y el papel del sistema educativo en esto. Los candidatos deberían estar enfocándose en eso en reducir la complejidad del sitema sin cambiarlo, generar esquemas que eviten a toda costa la corrupción; abogar por cambiar el enfoque del modelo educativo, por uno que promueva entre otras cosas, la ética y los valores por encima de todo, pero eso sí, sin caer en moralismos. De nada nos sirven niños con conocimiento (que ni eso adquieren) pero sin valores, al fin y al cabo los gobernantes son reflejo de lo decadente de nuestra sociedad. Claro está también, que esto no resuelve el problema inmediato, pero a la larga, tendrá efectos extremadamente positivos en nuestra sociedad y en nuestro gobierno. Buenos ciudadanos dan buenos gobernantes.

educación, administración.

(Avalúos AGM) La educación juega un papel determinante en el futuro de la sociedad mexicana.

Orden, continuidad y eficiencia.

La solución al funcionamiento defectuoso de la administración pública de este país, se encuentra simple y llanamente en eficientar, profesionalizar y purgar. La solución no es destruirla, ni sustituirla como dije antes, la solución es, a mi opinión personal, es darle continuidad y seguimiento a los planes de gobierno y sacar a quien se tenga que ir. Parece fácil, pero, obviamente, no lo es ni de lejos, sólo basta ver lo difícil que ha sido limpiar y mejorar la administración en este Estado. Las implicaciones que esto puede tener son bastante complejas como para vertirlas en un simple párrafo, pero es casi seguro que derivará en conflictos internos entre los grupos de poder de la administración federal y podría incluso, afectar su funcionamiento. Los cambios de este tipo, pienso yo, deben darse de forma sutil e imperceptible, tal y como la rana en la olla de agua, poquito a poquito el calor irá subiendo, y sin darse cuenta, las cosas ya habrán cambiado. Siempre hay que abogar por la paz política, pues de ella deriva todo el ambiente político y por lo tanto, el funcionamiento del Estado aunque a veces es justo sacrificarla en pro de mejorar las cosas, vale la pena.

Otro factor determinante en la operatividad de la administración pública, es la falta de continuidad, un problema que se viene arrastrando desde los últimos sexenios del priismo. Tenemos gobiernos que se han encargado de destrozar todo lo que hizo el anterior en un afán “modernizador” o bien, por simple capricho. Es grotesco ver como poco a poco, las instituciones que conocíamos, se van transformando en quimeras sin pies ni cabeza por puro capricho y disvaríos de propios y ajenos. La planeación, seguimiento y evaluación, deben de ser la base de todo gobierno, no el estar buscando cambiar la organización administrativa cada seis o tres años según sea el caso. Como dicen por ahí, si funciona, mejor ni le muevas. Orden, continuidad y eficiencia es lo que debe de caracterizar a toda administración, no el cambio contínuo y el desorden. Verbo y gracia CAPA, que por nulos esquemas de mantenimientos programados, tiene que estar sufriendo cada tanto, reparando problemas en las tuberías y rompiendo calles recien pavimentadas por una pésima coordinación entre dependencias.

Para despedir.

En fin, este 2018, vote por quién quiera, pero vote con la cabeza pues recuerde que su responsabilidad no sólo es votar. Este país sería muy distinto si empezaramos a ser menos egoístas como miembros de la sociedad, si empezaramos a exigir, vigilar y denunciar lo que está mal, y aplaudir y promover lo que está bien. Como lo dije antes, los gobernantes sólo son el reflejo de lo decadente de nuestra sociedad, y hasta que esta no cambie, no cambiarán los productos políticos que emanan de ella, tan sencillo como aquello. Como dicen por ahí, por más cliché que suene, “el cambio está en nuestras manos”, y por cambio no me refiero a un candidato, me refiero a una cuestión de actitud y comportamiento como sociedad. Haga el esuferzo, sé que es difícil, pero valdrá la pena.

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