Un año de Carlos Joaquín: el problema de las altas expectativas


No es nada nuevo escuchar en redes sociales y por diversos medios de comunicación frases como “¿Y dónde quedó el cambio?”, “¿Éste es el cambio que querían?” o aún mejor “Ahí tienen su gobierno del cambio”. Sin embargo, la interrogante que surge es, ¿Cuál es el cambio que esperaba la gente? La respuesta es difusa y realmente puede llevar a malas interpretaciones en un asunto tan delicado como este; adicionalmente, quiero evitar caer en cualquier tipo de parcialismo por lo que trataré de ser lo más objetivo posible. Es de señalar que este texto no busca dar la razón a ningún grupo o sector de la población o de la política sino es meramente una opinión y espero así sea visto. Ya con las bases claras, continuemos con este pequeño análisis del gobierno de Carlos Joaquín a poco más de un año de su arribo a la gubernatura.

El gobierno del cambio.

Fue el 30 de septiembre pasado que Carlos Manuel Joaquín González, o simplemente Carlos Joaquín para no sonar tan suntuosos, tomó protesta como gobernador del Estado. Fue hace poco más de un año que la gente pensaba que las cosas cambiarían dramáticamente. Sin embargo, es el desconocimiento generalizado de cómo funciona la política y de cómo funciona un gobierno que lleva a creer sinsentidos como tal. Los cambios políticos y sociales, a menos que se den en el marco de una revolución o un evento de magnitudes similares, suelen ser lentos, lentos y tortuosos para ser exactos. Inspirándome en Jesús Silva Herzog Márquez, podría atreverme a decir que Quintana Roo corre el riesgo de volverse en una auténtica Transitocracia, es decir, un gobierno en eterna “transición”, un gobierno que no termina de “cambiar”.

Es de esta idea del “cambio” que surgen títulos tan desproporcionados como “El Gobierno del Cambio”, sin embargo, yo me pregunto ¿A qué cambio nos referimos? ¿Es de actitud? ¿Es de políticas públicas? ¿Es de régimen político? ¿Sistema económico? ¿Cultural? ¿Seremos un futuro paraíso socialista funcional? Como es obvio, es un término bastante amplio, difuso, irregular y convenenciero del léxico político; usado a discreción, más con nulo sentido de responsabilidad. Es entonces cuando gobiernos como este, por más funcionales que sean, por más minúsculos que sean sus errores, es por esa falsa gran expectativa, que terminan por desilusionar, terminan por decepcionar a sus votantes.

(Desde el Balcón) La desigualdad de ingresos ha generado polos de desarrollo y subdesarrollo en el Estado ocasionando que el progreso no llegue para toddos.

El gobierno de Carlos Joaquín entonces, sufre de un síndrome de alta expectativa no cumplida, pues la gente, inocentemente, esperaba que de la noche a la mañana Quintana Roo se convirtiera en Suiza, lo cual obviamente jamás iba a pasar. Es aquí cuando cabe señalar lo importante que es ser sincero en las campañas, y obviamente en prometer lo realista y posible. Si en este país se hicieran campañas honestas y carentes de propuestas utópicas y fuera de la realidad, diferente sería la opinión que tenemos de muchos políticos.

Qué sí cambió, qué no, y qué debería cambiar.

Ahora bien, sabemos y entendemos de una manera un tanto burda y absurda, que básicamente lo que la gente quería es lo siguiente: menos corrucpión, más seguridad, más trabajos para el sur y mejores servicios (vaya, que poco original). Sin embargo, para la mala o buena suerte del presente gobierno, podríamos decirse que algunas cosas van a medias, otras están peor, y algunas más tardarán muchos años en hacerse una realidad. Hablando de forma generalizada y poco precisa para ser sincero, podría decir que las cosas van relativamente bien en varios aspectos, excepto la seguridad, la cual es un tema bastante delicado que tocaré más adelante.

Primero que nada, tenemos que ser sinceros con nosotros mismos, en temas de corrupción, las cosas sí están mejor, no perfectas, no espectaculares, pero sí existe una mejoría real en comparación con la cleptocracia que vivimos por casi cinco años con Roberto Borge. De este gobierno no hemos escuchado más que uno o dos casos de nepotismo y unos uniformes, que como buen gobierno primerizo, no chistó al tratar de dar explicaciones haciendo más grande el problema de lo que ya era. Sin embargo, en lo general, los casos de corrupción han sido menores en comparación a los escándalos del quinquenio pasado, es inclusive más criticable la manera en cómo el gobierno trata los escándalos que los escándalos en sí. No obstante, es de aplaudirse lo reacia que se ha vuelto la sociedad respecto a los actos de corrucpión, aunque claro, los comparativos con el Borgismo están fuera de la realidad. Todo esto sin contar que decenas de funcionarios públicos han sido sancionados, están vinculados a proceso o bien bajo investigación judicial por actos de corrupción; pero claro, eso ya no es relevante como se habrán dado cuenta.

(Televisa) La detención de funcionarios no ha ayudado a mejorar la imagen del gobierno estatal.

 

Desde el aspecto económico, las cosas van viento en popa, la economía del Estado crece bastante rápido y el desempleo va a la baja, sin embargo, aún hay asuntos pendientes. La desigualdad entre la zona norte y sur es evidente, no obstante, se han empezado a realizar esfuerzos al respecto como el Parque Industrial de Quintana Roo con RIF y la finalización de Ciudad Salud, ambos en Chetumal, sin embargo, el camino es largo. Pues es de poco conocimiento de la gente que en cuestión económica el cambio suele ser muy lento, casi imperceptible. Para el ciudadano común las cifras suelen ser sólo eso, cifras, pues los beneficios del desarrollo suelen tardar años sino décadas en permear a los sectores más vulnerables de la población. El aspecto económico pues, al menos en el corto plazo, no beneficia en lo más mínimo a la imagen del gobierno.

Inseguridad, el problema incómodo.

Finalmente y no menos importante es la inseguridad. La inseguridad, la hidra, el gigante sin rostro, el problema de problemas. No vamos a mentir, las cosas están mal, y no sólo mal, empeoraron. La inseguridad en Quintana Roo, principalmente en el norte, es un problema mayúsculo y parece no tener solución. Los homicidios se han disparado, y lugares que solían ser pacíficos como Cozumel se han convertido en todo un desastre. El gobierno, al menos de lo que he podido percibir en las corporaciones de seguridad, no sabe ni en qué se acaba de meter, el caos es evidente. Aunado a lo anterior, los gobiernos municipales parecer querer hacer de todo menos colaborar con el gobierno estatal. En resúmen, un desastre de proporciones épicas, por lo tanto, la imagen del gobierno se ha visto severamente afectada.

La cuestión aquí es que el problema probablemente no tiene mucho que ver con la acción de las fuerzas policiacas y de procuración sino en una intensificación en el combate de grupos del crimen organizado a raíz de un reaocomodo derivado del cambio de gobierno y funcionarios. Se ha invertido en equipamiento y vehículos, y al menos pareciera que el gobierno trata de esforzarse en la materia, sin embargo, esto no garantiza que la seguridad mejore. Faltaría ver unos cuantos meses más si la estrategia del gobierno da resultados o no, pero si algo es cierto, es que este tema corroe la popularidad del gobierno constante y rápidamente.

inseguridad, quintana roo

(Cuarto Oscuro) La inseguridad es el tema en el que peor desempeño ha tenido el gobierno de Carlos Joaquín.

Factores externos.

Cabe aclarar que la demeritada imagen del gobierno de Carlos Joaquín tiene que ver más allá de las acciones o inacciones del mismo sino además de diversos factores externos. Como es evidente, el principal factor que ha afectado en gran medida la imágen del gobierno, y hay que decirlo como debe de ser, es la prensa popularmente conocida como “chayotera”. Muchos diario de dudosa procedencia, de reciente creación y personajes como Carlos Mimenza, se han encargado de generar escándalos, “extorsionar al gobierno” y hacerse de dinero a través de contratos de publicidad y otros mecanismos. Estos diarios se han dedicado a buscar el más mínimo error, o bien, cualquier cosa que aparente serlo dentro del presente gobierno para aprovecharse de la situación. Todo un espectáculo de pateticidad.

Al otro lado tenemos a la prensa al servicio del gobierno, misma que es alimentada a través de contratos de publicidad, muy al estilo priista. Estos diarios más que beneficiar al gobierno, han hecho daño al hacer evidente que aún existen este tipo de medios en el Estado. A grosso modo la cuestión de los medios es un abosluto desastre. No hay periodismo auténtico, no hay certeza en la información, y la poca que hay suele afectar más que beneficiar.

Segundamente y no menos importantes son las llamadas “altas expectativas” que mencionaba con anterioridad. Debido a una campaña bien ideada basada en el famoso “cambio de rumbo/cambio/transición”  la gente esperaba maravillas del nuevo gobierno que por obvias razones no se iban a cumplir (deuda, crisis de seguridad a nivel nacional, factores externos como el precio del dólar, inflación generalizada, etc.). Si a esto se le añade la extracción priista del gobernador y los compromisos que esto implica y el hecho de que nadie sabe a ciencia cierta qué significa el “cambio” en realidad, se configuró una verdadra tormenta perfecta.

El gobierno de Carlos Joaquín debe empezar a definir y explicar a qué se refería con exactitud con “cambio” y qué realmente implica pues podría enfrentarse a una dura realidad en los comicios de 2018 de no hacerlo. También considero conducente algunos golpes de timón, especialmente en aquellas secretarías dónde los escándalos, por menores que sean, abundan. El reloj avanza, y la gente se desespera, el gobierno tiene que actuar ya, el gobierno tiene que volver a convencer a la gente si quiere sobrevivir.

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