No sabemos nada de economía y eso está muy mal.


Llevo cuando menos unos cinco años siendo asiduo lector de periódicos enfocados en economía y finanzas como lo son El Financiero y El Economista, y tengo un conocimiento más o menos decente de cómo funciona la economía del país. A través de los años, he descubierto cuan ignorantes somos como país, cuando se trata de economía y finanzas, tanto, que llega a preocupar auténticamente.

La importancia de combatir la ignorancia.

México cuenta con poco más de 120 millones de habitantes, un Producto Interno Bruto de 14 mil 688 billones de pesos (Sí, billones), y un PIB per cápita de 118,955 pesos, y una inflación de 6.22% a tasa anual. Si usted entendió más de la mitad de lo que le acabo de comentar, felicidades, porque usted seguramente forma parte de una reducida minoría en el país.

México cuenta con un rezago impresionante en términos de educación financiera y económica, lo que ha derivado en miles de usuarios de internet pidiendo que el peso mexicano se empareje con el dólar como si eso fuera a salvar la economía del país. Hemos olvidado como nación, enseñarles a nuestros ciudadanos una de las cosas más esenciales en una sociedad moderna, y esa es la educación económica y financiera.

Pero… ¿Por qué? ¿Qué tiene de importante saber al menos lo básico de economía? Pues bien, estimado lector, le agradezco por preguntar. La respuesta es sencilla. El desconocimiento de la realidad económica del país, nos lleva a fantasear con mundos irreales, con metas que, como país, no estamos ni de cerca de alcanzar, o que simplemente ya superamos, pero desconocemos, eso sin contar, que será difícil ser engañado, ya sea por el gobierno, ya sea por su oposición, acerca de la realidad económica del país. Si la gente sólo supiera cuánto ha crecido la deuda en los últimos 10 años, y supiera lo que eso implica, muchos de ellos ya estarían llorando.

Un ejemplo de lo grave que es la situación es lo que mencioné anteriormente acerca del peso mexicano. Un peso mexicano igualado al dólar, lo que representaría una revaluación indescriptiblemente grotesca de la moneda, nos llevaría a un severo problema deflacionario, de exportaciones, y pondría en riesgo la existencia de la industria nacional derivado de los bajos costos de los productos del exterior. ¿La gente sabe esto? En lo más mínimo, ¿Por qué? No se los enseñaron, ¿Y de dónde sacaron la idea? De spots políticos que no paran de repetir lo mucho que se devalúa nuestra moneda.

economía bmv

Edificio de la Bolsa Mexicana de Valores en la Ciudad de México. (Forbes)

Ficción económica.

El mexicano promedio ha aprendido a hablar de economía basándose en dos cosas: su percepción individual, y lo que dicen los políticos de la oposición. El primero es obviamente subjetivo, y carece de todo sustento, pues basarse en una mera percepción, no es siquiera cercana a la realidad económica del país. El segundo, suele ser exagerado, dramático e irreal, haciendo ver las cosas mucho peores de lo que son en realidad.

Porque si bien el país no crece lo que muchos quisiéramos, el país no está en un “constante estado de crisis” como algunos políticos nos han hecho creer. De hecho, ha habido datos bastante positivos en los últimos meses que simplemente pasaron desapercibidos o fueron obviados porque “son maquinaciones del gobierno para hacernos creer que estamos bien”. Y es que muchos mexicanos tienen un odio irracional al gobierno, que, si bien no es lo mejor que se pudiera tener, las cosas podrían estar mucho peor si otro gallo nos cantara.

El peso mexicano se ha revaluado casi 20% desde su máximo histórico y se acerca a su mejor nivel en un año. El PIB trimestral del periodo enero-marzo creció más de lo previsto, lo que contradijo las predicciones de que este año habría una importante desaceleración económica derivada de las políticas anti-mexicanas de Donald Trump. Todo apunta a que habrá una renegociación “suave” del TLCAN. El desempleo se encuentra en su nivel más bajo desde la crisis económica de 2008, y ni se diga la producción de empleos que está por los cielos. En lo general la economía mexicana está, en lo general, bastante sana, el problema es que nadie lo cree y nadie lo sabe.

Esta eterna percepción de “que todo va mal”, ha sido una decepción social, enraizada en las crisis de los años 80s y 90s, cuando las cosas no hacían nada más que empeorar. Pero desde 1996 hasta el día de hoy, con la excepción del bache de 2008-2010 (crisis financiera mundial), las cosas están estables, y están, dentro de lo que cabe, bien. A muchos se les ha enseñado que “vivimos en el peor país del mundo”, y pues como pocas personas tienen pocas oportunidades de visitar el auténtico mundo subdesarrollado, es fácil tragarse tal mentira.

El peso político de la ignorancia económico-financiera.

El sistema educativo tiene que empezar a considerar seriamente no sólo enseñarles a los niños y jóvenes un curso de “Estructura Socioeconómica de México”, sino hacerlo un conocimiento integral, en que nuestros niños aprendan lo que es la economía, y cómo funciona a lo largo de la educación media y media superior. De hacerse esto realidad, difícilmente tendríamos ciudadanos que tengan ideales de nación irreales, que sean tan fácilmente engañados por políticos dicharacheros que buscan sacarse cualquier cosa de la manga para decir que estamos al borde del abismo, que sean timados.

La educación es algo elemental en una sociedad, es algo que hemos escuchado hasta el cansancio, pero con las elecciones presidenciales de 2018 en puerta, y un peso mexicano que ha servido de escudo contra choques externos y una inflación algo elevada, para algunos se podría tener la percepción de que estamos peor que nunca, cuando estamos por mucho, muy lejos de eso, siendo pocos los que comprendemos aquello, y siendo aún menos quienes podrán votar adecuadamente por lo mejor para la economía y por lo tanto, el bienestar de todo el país. Y claro, también evitará que votemos por proyectos faraónicos y poco realistas, que podrían llevar a la deuda nacional a niveles indignantes, por mucho, superiores al crecimiento que hemos visto en estos últimos años.

Doce.

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