¿Qué piensa usted cuando escucha que alguien dice “el priismo está muriendo”? ¿Se alegra verdad? Pero que sentiría usted si le dijera que el priismo está más vivo que nunca, bueno, no el partido en sí, sino las personas que lo conformaron, o alguna vez formaron parte de él.

La Gran Carpa política.

Hay que recordar que el priismo al no tener una ideología específica más allá del nacionalismo de los años 30s a los años 70s, el sindicalismo y su extremo corporativismo (que son más bien un subproducto de sus prácticas autoritarias durante los “mejores” años del régimen), es un partido que no tiende a “retener” a cierto tipo de personas, es lo que en Ciencia Política se les conoce como partidos “Big Tent”  Carpa”, pues engloban a todo y a todos en su afán de conservar el poder.

En el mundo apenas y existen otros partidos de tal naturaleza, siendo el PRI quizá uno de los más antiguos sino es que es el más antiguo. En Japón, tenemos al Partido Liberal Democrático, y en Kazakstán tenemos al Nür Otan, partidos que han utilizado todos sus recursos posibles, y abarcando desde la izquierda hasta la derecha, con el fin de conservar el poder. El LDP, se ha sentado en el trono de la Primera Ministratura de Japón por más de 60 años (suena familiar ¿no?), y el Nür Otan, desde la caída del Bloque Soviético en 1991. Son partidos, que ocultan su realidad antidemocrática en el supuesto impulso popular, y la necesidad del orden, son pues, herederos del estilo más puro del priismo. El corporativismo, nacionalismo, camaleonismo ideológico, populismo y sindicalismo, son la base fundamental de este tipo de partidos políticos, altamente peligrosos para la democracia.

Pero el PRI envejeció y sus estructuras políticas, a diferencia del LDP en Japón, envejecieron, en un afán de renovarse, el PRI dio un golpe de timón en medio de la crisis hiperinflacionaria de los años 80, del cuasi-socialismo que se vivía en México desde los años 30s a un modelo más liberal. Los costos políticos dentro de un partido, que sin decirlo, siempre se identificó más con la izquierda, fueron determinantes para su derrota en el año 2000. El PRI, en su intento de reivindicación política durante los años 80s, no había hecho otra cosa más que condenarse a su derrota, pues había abandonado al sector más grande del priismo, a la izquierda priista.

La primera gran ruptura en el PRI, se da en 1988 con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, y la salida de Porfirio Muñoz Ledo, figuras importantísimas de la izquierda priista.  Desde ese año, y con la derrota de Cárdenas y la fundación del PRD, miles de militantes de la izquierda priista, migraron al PRD, una decisión con un corte más radical de la izquierda priista, que buscaba conservar el purismo “socialista” de Cárdenas y Echeverría. El costo político fue tal, que el PRI dejó de ver en las elecciones, aquellos añorados números arrasadores que tanto lo habían acompañado a lo largo de su historia. El PRI, estaba en la antesala de su derrota del año 1997, que sería el primer paso para la decisiva victoria del año 2000 de la derecha mexicana.

Feudalismo político a la mexicana.

Pero el PRI no perdió el poder en el año 2000, simplemente perdió la presidencia, pues aún conservaba más de tres cuartos de las gubernaturas del país. Los gobernadores, pasaron de ser meros actores secundarios del escenario político, en algún momento dominado por la omnipresente y omnipotente figura presidencial, a ser aquellos quienes controlaban en lo absoluto los movimientos dentro del partido.

Al no haber una cabeza, un líder, y en cierta manera, sin haber un dictador que les diera la pauta de lo que debían de hacer y lo que no debían de hacer, los gobernadores se salieron de control. No había palabra que se impusiera a la de los gobernadores en sus pequeños reinos. Del año 2000 al 2015, estos gobiernos, pasaron de convertirse en meras sucursales de la Presidencia de la República, a auténticos feudos políticos. Los gobiernos locales, se corrompieron a tal nivel, por la falta de mesura y control, que en su momento otorgó el centro, vaya, el Señor Presidente, que ya era imposible calcular, que tan podrido estaba el sistema político mexicano a nivel estatal.

En casos como Quintana Roo, Coahuila, y Chiapas, los puestos políticos, se repartían a diestra y siniestra entre los grupos políticos dominantes de cada Estado. Los Sabines en Chiapas, los Moreira en Coahuila, y los González y los Borge en Quintana Roo. De no haber sido por la exhibición de Duarte en el 2016, y la posterior decadencia priista en Quintana Roo en el mismo año, difícilmente se hubiese hecho visible la magnitud de la ruptura dentro del Partido.

(NTRZacatecas)

Neo-priismo.

En aquellos Estados donde el Priismo se encontraba en crisis desde inicios de la presente década, se empezó a ver un fenómeno muy curioso. Sabios y astutos, muchos “expriistas” empezaron a aprovechar la oportunidad para hacerse de poder, con base en el descontento popular y el odio generalizado y poco racional contra el priismo. Los casos de Gabino Cué en Oaxaca, Mario López Valdés en Sinaloa, Rafael Moreno Valle en Puebla, Jaime Rodríguez Calderón en Nuevo León y Carlos Joaquín González en Quintana Roo, son solamente algunos ejemplos de lo que está sucediendo dentro del priismo.

Estos personajes políticos están aprovechando la debilidad y la caída inminente en desgracia del priismo nacional, para afianzar su posición política, aunque en esencia, y en formación, son eminentemente priistas. El priismo pues, sigue vivo, ya no en forma de partido, sino en aquellas personas que alguna vez lo conformaron. La naturaleza adaptativa de sus miembros y sus estructuras políticas, han permitido que el PRI, sin siquiera proponérselo, y sin siquiera concebirlo, haya “infectado” a partidos políticos en su momento tan puristas como el PAN, y tan radicales como el PRD, de cientos de priistas, sino es que miles de ellos.

Pero las cosas no llegan ahí nada más, pues el ahora afamado “Partido del Pueblo”, mejor conocido como Movimiento Regeneración Nacional, de Andrés Manuel López Obrador, un “expriista”, de la antigua izquierda del partido, parte del Frente Democrático Nacional de Cárdenas en su momento, y un severo crítico de las políticas neoliberales de los últimos cinco gobiernos, también, se ha empezado a contaminar de “expriistas”.

En Quintana Roo, pudimos ver como personajes, antiguamente identificados como una de las partes más feroces del priismo estatal, como José Luis Pech Várguez, y Eduardo Ovando, migraron de la noche a la mañana, al movimiento Lópezobradorista. Tanto MORENA en Quintana Roo, como dichos personajes, pueden refugiarse en la idea de que “han cambiado”, o que “siempre pensaron en equis o ye”, pero la realidad es que tiende a lucir más, como un mero movimiento basado en la conveniencia política.

El poder detrás del trono.

Tal y como lo había mencionado al principio, hay que recordar que el PRI, no es un partido que retenga a sus militantes, ni que ostente una ideología política en específico. Porque hay que entender que el PRI, como el LDP y el Nür Otan, son meros instrumentos políticos de los grupos de poder dominantes en cada país. En México, simplemente el modelo se ha agotado, y los grupos de poder, abandonan el barco que por muchos años abrazaron como su única fuente de poder real en las estructuras políticas y sociales del país. Hoy pues, han encontrado en aquellos que en el algún momento consideraron sus enemigos, sus rivales, la oportunidad de perpetuarse en el poder, bajo la bandera de movimientos políticos, aún contrarios a su forma de pensar.

Alguna vez un maestro me dijo que el problema de México no era el PRI, sino que era el sistema político como tal, quizá esto que está sucediendo, es la mayor prueba de que no se equivocaba. México no encontrará el cambio en equis o ye partido, sino en el combatir la perpetuidad de estos actores políticos que han dominado el país desde la mismísima constitución del Partido Nacional Revolucionario, y es más, algunos, incluso, desde los mejores años del Porfiriato. No es ninguna mafia del poder, es una oligarquía, que como en muchas otras partes del mundo, se niega a morir, y muta, y se muda, según le sea conveniente.

Estos grupos no están necesariamente conformados por políticos, sino que están repletos de personas aparentemente totalmente ajenas a la política nacional. Empresarios nacionales y extranjeros, la banca privada, el Clero, los Masones, los Caballeros de Colón, las Fuerzas Armadas, y obviamente políticos de antaño, forman parte de estos grupos. No todos son el mal en persona, ni todos son los salvadores de la nación y eso es justo decirlo. Simplemente son aquellos que detentan el poder del país, son pues, los factores reales del poder que determinan el destino de las naciones, no sólo en México, en todo el mundo. Basta leer un poco de historia precolombina para darnos cuenta que Tlacaélel, sumo sacerdote del Imperio Azteca, era realmente quien detentaba el poder y no el Emperador, y en México sucede lo mismo, pues los actores políticos casi siempre responden a intereses superiores, más allá de lo que ellos quisieran.

partidos políticos de méxico

(Ruiz Healey Times)

Los herederos del poder.

Todos los partidos, en mayor o menor medida, le deben su existencia al PRI, pues este, al nacer como el PNR, nació como partido único, y con el tiempo, la oposición nació. Primero el PAN, luego el PRD, y en tiempos recientes MORENA. Todos herederaon algo del PRI, todos son en una u otra manera una parte del priismo. Pero estos partidos habían sabido llevar su existencia con autonomía, independientemente de su origen político, pero las cosas empezaron a cambiar a partir de la presente década.

Como es bien sabido tantos MORENA como el PRD, son meros herederos del ya casi extinto priismo de izquierda, mientras que el PAN, a pesar de su origen un tanto más independiente en los años 30s; desde 1988 se ha vuelto comparsa en muchas situaciones del PRI, aunque suele de vez en cuando, imponerse, puesto que como partido ha ganado suficiente poder como para ponerse de tú a tú con el PRI. MORENA como caso particular, si bien podría parecer un movimiento puro de izquierda surgido del PRD, recientemente se ha ido llenando de personalidades tanto del PRI como del PAN, y eso podría llegar a volverlo como un partido más del montón si su dirigencia no detiene esta tendencia a tiempo. Finalmente el PRD, un partido casi caído en desgracia, y heredero directo del ala de izquierda del PRI, conserva dentro de sí, muchas de la visiones de nación del PRI de antaño, aunque ha tratado de renovarse y tratar de volverse un partido más progresista antes que socialista, quizá ya sea demasiado tarde.

Tenemos que saber votar, y me refiero a saber votar, no sólo en mirar propuestas, no sólo mirar partidos, es saber por qué realmente estamos votando. Cuando votamos, votamos por grupos de poder, no por personas, no por partidos, al menos no en nuestra situación, y eso debemos entenderlo bien. No votamos por Rolando Zapata, votamos por el grupo de poder detrás de Rolando Zapata quien es aquel quien ejercerá realmente el poder, así como no votamos por Carlos Joaquín, sino por la familia Joaquín y los pequeños grupos de poder que conforman al PAN y PRD locales.

Solo la historia nos dirá si realmente fuimos capaces de distinguir estas cuestiones a tiempo, si supimos entender nuestra política no como un arrabal de animales de granja como se les suele calificar, o bien una manada de roedores nocturnos, sino como un grupo de personas con intereses y deseos. Saber si esas máximes que dominan su ideología personal, realmente concordan con nuestras, o si simplemente fuimos engañados por un discurso populista o una sesgada visión de la realidad. Bien decía Platón que un pueblo ignorante solo sera gobarnado por los peores hombres, y eso es sencillo, puesto que un pueblo ignorante nunca podrá saber cuando es manipulado y cuando tiene realmente éste el control de su país.

Doce. 

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