La libertad de expresión y la dictadura de la opinión


En estos tiempos donde nada es para siempre y nada está preestablecido, no es locura pensar que aquellos que en algún momento llamamos liberales sean quienes vayan a terminar con nuestra tan preciada libertad. En estos tiempos dónde las turbas sociales “queman” en la hoguera a aquellos que se atreven a alzar la voz en contra de una idea popular, que se atreven a difamar, hundir y discriminar a todo aquel que no piense correctamente, en los tiempos de la dictadura de la opinión.

En México el descontento social, con el paso de los años nos ha traído muchas cosas interesantes y positivas, han llegado ideas innovadoras y una férrea lucha social en contra de las injusticias. Las ideas progresistas y liberales son la norma del pensamiento del mexicano moderno promedio, el feminismo es algo aceptado, promovido y tolerado, los homosexuales tienen por fin un pequeño y creciente espacio en la sociedad mexicana. Hemos y estamos avanzando en muchos aspectos como sociedad, sin embargo, las ideas que han llegado con el paso del tiempo desde el occidente desarrollado también han traído consigo aspectos negativos mismos que han ido creciendo paulatina y alarmantemente.

El internet se ha convertido en una auténtica oficina de la Santa Inquisición. He tenido el gusto, si así se le puede decir, de discutir en muchas ocasiones con aquellos que se hacen llamar “ciudadanos informados” o “mexicanos despiertos” o “luchadores sociales” que claman a los cuatro vientos su lucha por la “libertad” mexicana de la opresión del Estado, pero que no dudan ni un segundo en desacreditar cualquier opinión diferente. Los insultos pueden variar dependiendo del tipo de opinión o en contra de quién vaya. Dependiendo si uno atenta contra la izquierda o contra la derecha, bueno, lo que se hace llamar “izquierda” y “derecha”, que más bien es izquierda y centro-izquierda.  En muchas ocasiones he sido llamado empleado del gobierno, fascista, peñabot, tragatortas, asesino, pendejo, estúpido, ignorante, vendido, priista (sí, lo usan como insulto), retrógrada, cerdo, inútil, pelmazo, vividor, miembro de la mafia del poder, entre otros miles de insultos y agresiones. Cada ocasión, sin embargo, he podido expresar mi opinión por más impopular que haya sido, pues esta gente por mucho que desacredita no sabe o no tiene la intención de privarme de opinar, pues para ellos soy un simple idiota que no sabe “la realidad de las cosas”.

Ahora viene la cuestión, que pasaría si estas descalificaciones se volvieran una norma la cual me privara opinar en contra de un asunto u otro en uno u otro sentido. En sentido estricto esto es conocido como censura, pero la censura usualmente proviene del Estado en contra de sus ciudadanos. Sin embargo, el caso es que en estos momentos la censura viene del pueblo en contra de otro sector del pueblo, que, según ellos, no tiene derecho a opinar pues sus opiniones no son admisibles ni necesarias de ser escuchadas. Por esta razón, aquellos que se atrevan a opinar distinto deben ser exhibidos, humillados y descubiertos. La dictadura del internet, o de la opinión como la acabo de bautizar no dudará en ingresar al perfil de aquellos “opositores” o “bots” para exhibirlos. Si la opinión, dicho o acción es suficientemente impopular la pobre criatura frente a la aplanadora de la mayoría será exhibida como un criminal prácticamente a lo largo de todas las redes sociales.

Veamos un caso cercano a nosotros en Quintana Roo, el caos de Aleksei Makeev, un ruso residente del Estado que fue nada más y nada menos que linchado en su propia casa por una turba furiosa y sedienta de sangre. El caso aquí no es el resultado final que es muy lamentable sino cómo se llegó a esto. Todo empezó en internet con un video de este individuo haciendo mofa de las personas, humillándolas, insultándolas, etcétera. Bastante desagradable he de decir, sin embargo, nada que no pueda ser simplemente ignorado. Pero el detalle estuvo en que nuestros gloriosos patriotas no podían permitir tal ofensa de alguien ajeno a su sangre nacional y pura, jamás. Fue entonces cuando un “ocioso” tuvo la “genial” idea de ir a casa de esta persona a “reclamarle por sus agresiones”. Sin embargo, el interesante individuo agitador nunca pensó que las cosas se fueran a salir de control, nunca pensó que sus actos llevarían al fallecimiento de una persona y al encarcelamiento de otra. La gente no entiende ni razona al momento de actuar, pues cree que lo que sucede en el internet se queda ahí nada más y no, nunca se queda sólo ahí.

Es increíble que en pleno siglo XXI uno no pueda opinar libremente ni en pro ni en contra del gobierno, es irónico, es estúpido, pero es real. Si uno opina en pro del gobierno va a ser descalificado, humillado y discriminado tajantemente por aquellos que se hacen llamar la mayoría. Si uno opina en contra del gobierno este no dudará en usar a su caballo alado, Pegasus, para vigilar y quizá, atacar, si así lo considera. Todo es objeto de boycott, desacreditación o exhibición, como si una opinión es buena o mala simplemente dependiendo de quien venga o por que lo que expresa no es socialmente aceptado o políticamente correcto. Estamos auténticamente viendo el surgimiento de gente que se preocupa más por el cómo se dicen las cosas que por el cómo son las cosas, estamos retrocediendo como sociedad. Atrás quedaron los años dónde luchabamos por poder expresarnos, por poder votar, por poder crecer como sociedad pues ahora estamos más ocupados por acallar a quienes opinan diferente. Es un auténtico régimen social basado en el linchamiento de lo impopular.

La polarización que existe en este tema, que por cierto ha sido total y completamente ignorando, es preocupante. Basta ver como lo “políticamente correcto” ha invadido países como Estados Unidos y ha derivado en muertes, protestas violentas, polarización social, discriminación y humillaciones públicas de personalidades. Estamos a tiempo de detener a esta dictadura de lo política correcto, estamos a tiempo de defender nuestra libertad de expresión. Libertad de expresión es expresarse libremente sin importar lo popular que sea una opinión, sin importar lo correcta que sea, sin importar lo racional que sea. Todos tenemos derecho a expresarnos como queremos contra quien queramos y para lo que queramos.

Juan Miguel Peraza. 

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